Exclusión sin justificación. El caso de los Estímulos a la Creación Cultural Huasteca

Hace un par de meses cerró la décimo segunda convocatoria de Estímulos a la Creación Cultural de la Huasteca del Programa de Desarrollo Cultural de la Huasteca, de la Secretaría de Cultura federal y las instituciones estatales correspondientes. Las temáticas se mantuvieron con las mismas características que en años anteriores.[1] De nueva cuenta, nos topamos con un error que brinca tanto a nuestro parecer, y sobre todo, en la propia opinión de los habitantes de las comunidades huastecas. Y es que, para sorpresa de algunos, ¡la convocatoria no reconoce la propia autoadscripción de los lugareños! Es el caso de los municipios poblanos de Honey y Naupan, así como de los hidalguenses de Tenango de Doria, Acaxochitlán, Huehuetla y San Bartolo Tutotepec, a cuyos habitantes no sólo se les ha excluido de la posibilidad de participar en esta convocatoria, sino incluso, en el caso de los otomíes de Chila, se les ha pedido demostrar su etnicidad como condición para reconocerles su derecho a ser consultados.[2] ¿Quién define hoy las regiones culturales? ¿Bajo qué parámetros o criterios? ¿Cómo se determina la etnicidad de un grupo? A otros pueblos colindantes sí se les ha reconocido su identidad huasteca y su filiación étnica. En contraste, y como ha ocurrido en varias ocasiones, un grupo de niños y jóvenes otomíes de Chila ha pretendido postular con un proyecto para la compra de indumentaria dancística, a lo que han recibido la negativa reiterada según la cual, como advierte la convocatoria institucional, ellos no son huastecos.

Reitero entonces la pregunta. ¿Quién define y, sobre todo, bajo qué criterios delimitan una región?  Como académicos o como gestores, nos corresponde investigar o trabajar a partir de lo que la gente nos dice, en diálogo, y no imponer una serie de criterios ajenos a los grupos. No entiendo por qué los referidos otomíes de Chila no pueden participar en una convocatoria dirigida a los pueblos de la Huasteca, de la que ellos se identifican como parte, pero sí pueden participar los pueblos del Totonacapan. Si eso está permitido, ¿por qué los migrantes huastecos tampoco pueden participar en la convocatoria?, si independientemente del espacio o territorio –nacional e internacional– en el que se encuentren, comparten ciertas prácticas culturales y elementos de identificación. Véase los casos de los nahuas de Huauchinango en Nueva York o bien, los otomíes orientales en la Costa Este de los Estados Unidos. Debemos reiterar que las regiones no sólo responden a un espacio geográfico, y recordar que una región es un constructo social que se define a partir de múltiples criterios, ya sean geográficos, culturales, económicos, políticos, administrativos, históricos, entre muchos otros. Tal demarcación no es estática, pues como toda conceptualización humana, se dinamiza o cambia conforme al tiempo, circunstancias o relaciones sociales. Aunado a lo anterior, el sociólogo Gilberto Giménez señala que definir el concepto de región sólo se logra en términos muy "abstractos".[3] Con todo, vale la aproximación de Olivier Dollfus, quien la define como “una porción organizada por un sistema y que se inscribe en un conjunto más vasto”.[4]

 

Si nos abocamos a la propuesta de Dollfus, nos cuestionamos si acaso los responsables de la emisión de la Convocatoria y del Programa de Desarrollo Cultural de la Huasteca tienen claras las características que determinan una autoadscripción a alguna de las Huastecas.  Ojalá fuera así, pero leer la convocatoria nos señala lo contrario. De entrada, sugiere un desconocimiento de las poblaciones y de los grupos en los cuales está centrado el programa, y por otro lado, reitera la falta de interés en materia de cultura de los indígenas del país. Salvo las ocasiones en las que encuentran un posible binomio entre cultura y turismo, y recaen en aquel membrete de "pueblos mágicos", muy en boga en los últimos años.

 

Resulta incongruente que se destaque la emisión de convocatorias de este tipo si, en algunas comunidades, lejos de fomentar el reconocimiento, la valoración y la puesta en práctica de cierto tipo de patrimonio cultural, generan conflictos e inconformidad. 

 

 

[1]Véase: http://culturaspopulareseindigenas.gob.mx/pdf/2018/12a_convocatoria_huasteca.pdf

 

[2]Es el caso en lo que respecta a la instalación de un gasoducto que cruzará por territorio otomí huasteco.

 

[3]Giménez, 1994:166. 

 

[4]Olivier Dollfus, s/f: 101. 

 

 

 

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